
Aquella noche me quedé despierta hasta más tarde de lo habitual...
pasaron muchos autos por ese viejo camino, me preguntaba por qué.
Algo había en el ambiente...algo raro. La noche... más negra que nunca, ninguna estrella ni luna alumbraba las praderas. Seguí en lo mío, leyendo bajo la escasa luz del comedor.
Sentí de pronto algo, un ruido muy extraño, estraño porque no había sonido alguno... Giré mi cabeza hacia la derecha y entonces la ví. Allí estaba ella, podía ver sus piernas tensas...su vientre, moviéndose con la respiración agitada, su cuello, y... alguna suciedad en el vidrio no me permitió ver más allá. Me acerqué, la ventana estaba limpia, pero en el lugar de la cabeza solo había oscuridad! Mi perra no tenía cabeza, sin embargo parecía atenta a algo que mis sentidos humanos seguramente no lograban percibir. ¿Dónde diablos está su cabeza?!! -"Justo tras de tí"- me pareció sentir un ronco susurro en mi oído izquierdo. Giro nuevamente un poco asustada, y unos ojos amarillos nublados por la ceguera se desvanecieron en la oscuridad del comedor.